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Domingo 05 de Septiembre de 2010


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Entérate
República Dominicana, un paraíso sin fin….
República Dominicana, Inagotable. Esa es la invitación que hace la Secretaría de Estado de Cultura Dominicana al resto del mundo, a través de distintos medios internacionales, para dar a conocer nuestro país. Inagotable, es una excelente palabra para describir a un país en donde todo el año...

 



> ARTESANÍA DOMINICANA

Aunque presenta numerosas diferencias de una provincia a otra, la artesanía dominicana es una rica manifestación artística que conjuga diversos elementos de las culturas taína, española y africana. Un crisol de técnicas, contenidos y tradiciones.

Inicios de la artesanía criolla

El pueblo dominicano ha creado su propia interpretación de los procesos culturales y ha creado manifestaciones artesanales nuevas a partir de sus herencias aborigen, europea y africana. Las primeras piezas de artesanía elaboradas en el país eran de uso doméstico, específicamente en hogares rurales, y confeccionadas de manera tradicional por grupos de mujeres.

Los rasgos decorativos de estilo criollo que enriquecieron la alfarería taína y africana fueron perdiéndose con el tiempo, posiblemente por sus propósitos puramente utilitarios entre los sectores más modestos de la población. De ahí que la alfarería criolla permaneciera sin elementos decorativos.

Entre los siglos XVI y XVII los artesanos labran imágenes religiosas a las que se rendía culto en los hogares. Estas imágenes abundan en las zonas rurales, siendo conocidos sus artesanos como santeros. Igualmente la talabartería, fruto del desarrollo de la ganadería, fomenta la confección de piezas de cuero. En este periodo se fabrican yugos, arados, sogas y otros instrumentos relacionados con el cultivo, sobre todo en la industria azucarera.

La Revolución Industrial permitió la fabricación de vajillas de loza, calderos y recipientes metálicos esmaltados a precios bajos. La proliferación de acueductos y el empleo de refrigeradores relegaron las tinajas y otros objetos artesanales a las zonas rurales.

En el siglo XIX el pensador dominicano Pedro Francisco Bonó resaltó la importancia social y económica del conjunto de actividades que llamó “industrias”, a la usanza del momento, refiriéndose a la producción artesanal de árganas, serones, esteras, macutos, aparejos, escobas, aguaderas, sillas, sombreros, hamacas y canastas en comunidades del Cibao.
Bonó llamó “industria del guano” en clara alusión a la fibra natural empleada, al conjunto de estas pequeñas “industrias”. Esta expresión incluía, además, a la cordelería, oficio que era aprovechado por los artesanos criollos para fabricar con cabuya y otros materiales toda clase de cuerdas para monturas, empaques de mercancías y alfombras.

La “industria del transporte” integrada por los recueros que trasladaban en mulas los productos agrícolas de exportación y las mercancías industriales importadas utilizaba monturas, aparejos, correas, carteras, sandalias y cofres. Durante esos años se elaboran maceteros, paneras, fruteras, platos para colocar recipientes calientes, pantallas para lámparas y las canastillas y el “moisés” de los recién nacidos.

En las primeras décadas del siglo XX una de las principales industrias artesanales en Santiago de los Caballeros es la fabricación de bateas (para lavar la ropa y bañarse), lebrillos (utilizados por las amas de casa para lavar alimentos y por las marchantas para vender frutas y verduras) y pilones de madera (para pilar arroz o café). También los artesanos empiezan a fabricar unas bateas especiales para el lavado del oro, una actividad que entonces se practicaba en numerosos ríos del país.